(En respuesta al artículo “El homófobo”, publicado por Nuria Van der Berghe en el diario “El Pueblo de Ceuta” el martes, 24 de octubre de 2006)
(Con perdón de todas las damas que sí son dignas de tan honroso título)
Ante todo agradecerle sus esfuerzos por continuar día a día con sus escritos, que lejos de perturbarnos iluminan nuestras vidas cual mismísima aparición de su admirado héroe Monseñor Escriva de Balaguer. Con plumas (referido al instrumento para escribir, no se me asuste, querida) tan descaradas e irrespetuosas como la suya la ciudadanía tiene la oportunidad única e irrepetible de acceder en cómodos plazos al antidemocrático pensamiento de las mentes más reaccionarias y retrógradas de este país.
Concretamente quiero trasmitirle mi modesta opinión acerca de su artículo titulado, tan apropiadamente, “El homófobo” que usted publicó hace un mes en un periódico ceutí (no sabemos si en un intento de describirse sinceramente a sí misma). Conociendo de antemano otras de sus perlas literarias contra el colectivo LGTB, en esta ocasión debo felicitarla: cada uno de sus artículos logra superar con creces en insultos, faltas de respeto y demás ofensas varias a su artículo anterior. Desgraciadamente sus actitudes intolerantes e intransigentes no han cambiado y sigue dirigiendo sus dardos (cargados de ira, odio y desprecio) contra toda persona diferente a usted y que no comparta sus postulados católicos-apostólicos-romanos-hómofobos. Sorprendentemente acusa, en dicho artículo, a gais y lesbianas de irrespetuosos cuando es usted misma la primera en perseguir fanáticamente la diferencia y la diversidad atacando directamente los más elementales valores democráticos. ¿Será que se siente usted incómoda al vivir en democracia?
Muy a su pesar y por mucho que usted diga misa en latín, la sociedad española de hoy es más democrática, abierta, plural y tolerante (auque algunos de sus miembros continúen viviendo en las profundidades de las cavernas de Atapuerca). Atrás quedaron siglos de discriminación y represión a homosexuales. La tristemente famosa Ley de Vagos y Maleantes del Caudillo cumplió hace varias décadas su caducidad y en la actualidad vivimos en un país que avanza decididamente en la conquista de los derechos de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales. Maricas y tortilleras, como a usted gusta etiquetarnos, existimos y existiremos siempre, para su desgracia. Somos ciudadanos, como todos los demás, que vivimos, trabajamos, soñamos, sentimos y amamos. Independientemente de si en una misma cama se encuentran Pablo y David, María y Julia o Laura y Jorge, homosexuales y heterosexuales tenemos los mismos deberes y, por justicia, los derechos deben ser los mismos también. Imagino que estos razonamientos no se convertirán en razones de peso para que el colectivo LGTB de nuestro país logre conseguir sus simpatías, pero al menos exigimos firmemente el respeto que merecemos como personas y como ciudadanos de un estado democrático.
Usted intenta vilmente justificar la discriminación y la violencia contra homosexuales por actuar libremente y mostrar en público su condición sexual. Le parece escandaloso que dos personas del mismo sexo exhiban muestras de su amor sincero, pero estoy seguro de que no le produce tanta indignación y estupor el hecho de que numerosos pastores de su Santa Madre Iglesia aparezcan a diario en los medios de comunicación acusados de abusar sexualmente de inocentes niños indefensos. Conocemos sobradamente que la intolerancia y la hipocresía siempre han sido rasgos característicos de este intransigente sector de la sociedad (al que usted hace gala de pertenecer) que mantiene una santa cruzada contra la igualdad de gais y lesbianas, pero nos resistimos a soportar estos constantes ataques contra nuestra dignidad. El ser humano avanza y progresa, y con él la sociedad. Usted y sus semejantes deberían recordar ésto y asumir, de una vez por todas, la diversidad racial, sexual, religiosa y cultural como un factor enriquecedor. En el Estado español hoy estamos más cerca de la igualdad formal plena de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales, ahora es el momento de luchar contra la homofobia/transfobia y por la igualdad social del colectivo LGTB. Sabemos que en esta lucha por la igualdad y la libertad tendremos siempre enfrente a aquellos que se aferran a la tradición y a la religión para coartar los derechos de gais y lesbianas, pero esto no nos desalienta en absoluto. Con signos de homofobia tan claros y evidentes como los aparecidos en su artículo gais y lesbianas reforzamos nuestros argumentos y reafirmamos nuestro compromiso con la igualdad y con la lucha contra la exclusión y la discriminación.
Para concluir le trasmito mi invitación a que se retracte de sus ofensivos insultos contra la comunidad LGTB y a que respete la condición sexual de numerosos ciudadanos que merecen el mismo, o incluso más respeto que usted. Observar a dos chicos cogidos de la mano, besándose o entrelazando sus miradas a usted le causa estupor y hace que se le atragante su tostada matinal, sin embargo a mí lo que me hace enfermar son sus actitudes homófobas que producen en mí descomunales nauseas y vómitos. Mi malestar se me pasará tarde o temprano sin medicación. Su situación es más alarmante. La homosexualidad no es una enfermedad, la homofobia sí que lo es. Consulte urgentemente a su farmacéutico.
Alberto Hidalgo Hermoso
-Periódico La República











